RENOVANDO LA ESPERANZA
 
EXORDIO
Durante las jornadas de este Simposio, la Universidad Adventista de Chile se ha constituido en el centro de la teología adventista sudamericana. Es de imaginar que los cielos están muy interesados en lo que ocurre en este lugar. De hecho, hemos podido sentir la actuación del Espíritu del Señor, que continúa actuando. Encuentros como los de este Simposio enriquecen, profundizan y amplían la calidad de nuestro mensaje, tanto más cuando, como aquí, se trata del Apocalipsis, que está en el corazón de nuestro mensaje de esperanza. Ese es el mensaje que ha caracterizado históricamente a nuestros proyectos misioneros y la identidad de nuestra iglesia en Sudamérica.  Sin duda saldremos de aquí con un renovado compromiso de mantener sólidamente nuestra visión profética, así como la de fortalecer nuestra predicación de la esperanza cristiana. Quisiera agradecer por la presencia y participación de cada uno de Uds, los que sirven a la iglesia sudamericana, los que representan la iglesia mundial, los profesores de teología, los redactores de nuestras editoriales, los pastores distritales , departamentales o administradores, los que actúan en las áreas de comunicación o educación. Todos necesitan fortalecer la visión, profundidad y compromiso con el mensaje para los últimos días.

He advertido la calidad de muchas de las presentaciones y la buena cantidad de literatura que nuestros seminarios y profesores están produciendo. Quisiera agradecer a todos por su dedicación, y en especial a la UNACH por toda la coordinación del Simposio.  De manera especial quisiera agradecer a los que trabajan en la formación teológica y ministerial de nuestros futuros pastores. Esta es un área estratégica para la iglesia. El futuro de nuestro mensaje, de nuestra misión, de la calidad de nuestro cuerpo de ministros y de la vida de la iglesia pasa por nuestros seminarios de teología. Por eso los Simposios Bíblico-Teológicos son tan importantes. Hacen a la acción estratégica de la iglesia en estas áreas. Tenemos un grupo de teólogos integrados a la acción de la iglesia, con alta calidad profesional, y queremos seguir apoyándolos para consolidar el buen nivel de las nuevas generaciones de pastores que afectarán el futuro de la iglesia. Queremos avanzar unidos en la preparación de pastores con profundidad teológica y teólogos con visión pastoral.  Debemos guardar un equilibrio: no debemos formar académicos sin capacidad o sensibilidad ministerial, profesionales de la Palabra que posean contenido para impartir pero no tengan visión.  Por otro lado, no debemos formar pastores que sean movidos solo por el corazón y dediquen todo su tiempo a las tareas prácticas del ministerio, sin profundidad teológica ni capacidad para alimentar y dar profundidad a la vida de la iglesia. Los pastores sin profundidad teológica hacen que nuestra iglesia sea cada día más similar a otras denominaciones evangélicas y menos característica del remanente. Necesitamos formar teólogos con visión pastoral y pastores con profundidad teológica.  No queremos tener iglesias llenas de personas vacías, sino que hablen de un cielo pleno. Queremos que uds, más que profesores, sean formadores. Enseñen por precepto y ejemplo. Que Dios siga bendiciendo la vida y ministerio de cada uno de uds.
 
INTRODUCCIÓN
El siempre recordado presidente de la iglesia sudamericana, el pastor Enoch de Oliveira, siempre traía a colación una declaración de E. G. de White en sus sermones: “El Señor viene. Oímos los pasos de un Dios que se aproxima …” (Evangelismo, 163).  ¿Cuán cerca están estos pasos? Cada vez que se elige un nuevo papa recordamos la iglesia popular (Apoc. 17:15). O cuando se desata la violencia en algún lugar del planeta, o parece estar preparándose una guerra, o cuando hay protestas y desórdenes sociales, u ocurren desastres naturales, comienza la especulación.  Los miembros laicos de nuestra iglesia comentan estas noticias, y también hay debates teológicos.

Para que la historia llegue a su final deben combinarse tres factores: un mundo maduro para la cosecha, un cielo listo para actuar, y el evangelio predicado en todo el mundo.
 
EL APRESTAMIENTO DEL MUNDO
Podemos entonces comenzar preguntándonos: ¿Está maduro el mundo? ¿Puede empeorar todavía más? ¿Qué mundo tendrán nuestros hijos o nietos de aquí a veinte o treinta años? Dijo alguien: “Cuanto más evolucionados estamos, más llave le echamos a nuestras puertas”.  La verdad es que, o bien Cristo vuelve pronto, o el mundo va a autodestruirse. Pero la autodestrucción no es lo que anuncian las profecías en la Palabra de Dios.
 
EL APRESTAMIENTO DEL CIELO
Segunda pregunta: ¿Está listo el cielo? Veamos lo que nos dice el Apocalipsis. Juan vio la tierra nueva (Apoc. 21:1), y su descripción establece una fuerte relación entre los libros de Génesis y Apocalipsis. Los dos primeros capítulos de la Biblia, y los dos últimos, describen un mundo sin pecado.  Génesis 1:1 habla de la Creación, y Apocalipsis 21:1 de una nueva creación. Los dos libros se completan mutuamente, como surge de la siguiente comparación.
 
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  1.  
1. Comienzo del mundo y el final de la perfección 1. Final del mundo y el comienzo de la perfección
2. Mundo creado 2. Mundo creado de nuevo
3. Aparecen sol y luna 3. Desaparecen sol y luna ante la gloria del Señor
4. El hombre creado a imagen de Dios 4. El hombre restaurado a imagen de Dios
5. Dios creo la primera familia 5. Seremos todos como una gran familia
6. Surgimiento del pecado 6. Eliminación del pecado
7. El fruto del árbol trajo la muerte a la humanidad 7. El fruto del árbol trae vida y salud a las naciones
8. Los seres humanos perdieron el acceso al fruto del árbol de la vida 8. Los redimidos comerán del árbol de la vida que da fruto cada mes
9. Aparecieron lágrimas, dolor y muerte. 9. No habrá más lágrimas ni dolor, y la muerte desaparece
10. Dios busca al hombre y pregunta: “donde estás tú?” 10. Todos vendrán adorar delante de Jehová
11. Puertas del paraíso cerradas 11. Puertas del paraíso abiertas
12. Vida eterna perdida 12. Vida eterna recuperada
El conflicto que comenzó en el Génesis va a ser finalmente resuelto en el Apocalipsis
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Para aceptar el Apocalipsis primero tenemos que creer en el Génesis.
Ese es el fundamento. Si retiramos los fundamentos todo el edificio se viene abajo. Si no creemos que el hombre fue formado del polvo de la tierra, cómo vamos a creer que “El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tes. 4:16). Si no nos es posible creer que Dios formó al hombre del polvo de la tierra y alentó en su nariz aliento de vida, ¿cómo vamos a creer que Dios podrá resucitar a alguien que murió quemado o fue incinerado?

El evangelio del tiempo del fin tiene su base en el tiempo de los orígenes. El Génesis y el Apocalipsis deben presentarse unidos.  No debemos tener miedo de enfrentar a la ciencia al confirmar el pasado y tener confianza en el futuro. Los que creemos en lo sobrenatural respetamos, pero nos sentimos atados, a los procesos naturales. La palabra creadora de Dios puede alterar un proceso que entonces deja de seguir su curso natural. Para los médicos de tiempos de Jesús la lepra no tenía cura. Seguía un proceso natural de destrucción. Pero Jesús la curó con una sola palabra, y alteró todo el proceso.

Para los científicos la formación de las faunas fósiles requirió millones de años. Para Dios solo es necesario un diluvio.  Aunque para muchos sea difícil creer en el relato de la creación por no ser compatible con una base científica, para nosotros es fácil creer en un Dios sobrenatural, que no está sujeto a reglas científicas. Necesitamos confirmar el Génesis para fundamentar el Apocalipsis. Tenemos que renovar la esperanza reforzando la fe en la creación.   
 
EL APRESTAMIENTO DE UNA MISIÓN
Pero regresemos a Apocalipsis 21:1. Allí vemos el cumplimiento de la promesa de Is. 65:17: “He aquí yo creo cielos nuevos y tierra nueva”, y la confirmación de la esperanza de 2 Ped. 3:13: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva”.  Pero el versículo presenta un conflicto: el mar que ya no era más.  Juan presentó en Apoc. 4 y 15 un mar de vidrio, donde estaban los redimidos; este es un mar que seguirá existiendo. Y en Apoc. 21 hay un mar que ya no existía más.  Los análisis de este problema son muy variados, y existen muchas explicaciones diversas para la afirmación de Juan de que no habrá mar en la tierra nueva. Personalmente pienso que es una expresión de alivio. El mar para Juan era una amenaza; lo separaba de personas que apreciaba y le recordaba su condenación al exilio en una isla. De allí que al contemplar la tierra nueva afirme “el mar ya no era más”. ¿Cómo podría ud expresar la misma idea?  E. G. de White, en El Hogar Adventista, 491, escribió:  En aquellas pacíficas llanuras, al borde de aquellas corrientes vivas, es donde el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar.  Esta es nuestra gran esperanza, la que aparece al comienzo del Apocalipsis (1:7). Es el mensaje urgente de esperanza que se repite tres veces en el cierre del libro (21:7, 12, 20). Usemos el Apocalipsis para llevar esperanza a la gente. Hagamos del Apocalipsis, no solo un libro de profecías, discusiones y símbolos, sino un libro de esperanza.
 
Y esta es, además, una esperanza que predicamos a gran voz.  Si durante la lluvia temprana este mensaje fue capaz de hacer que una iglesia de 120 miembros creciera con 3000 bautismos; si se multiplicó por 25 con un solo sermón; si fue un mensaje capaz de alcanzar en 50 años los 200 millones de habitantes del imperio romano; si el poder del Espíritu Santo fue capaz de realizar esta obra en aquellos días, se nos está llamando para ser los ángeles que ahora predican a gran voz en los días de la lluvia tardía.
 
CONCLUSIÓN
En estos días finales vamos a tener una lluvia aun más abundante; así lo asegura E. G. de White en el libro de Devociones Matinales Recibiréis Poder, 289.  Unamos nuestras fuerzas para llevar esta esperanza a toda Sudamérica con un mensaje profundo, con libros y DVDs, con música y predicación, en las clases y con las publicaciones, con movimientos de amor y servicio solidario al prójimo, usando la educación y la comunicación. Este es el desafío para cada miembro y dirigente de la iglesia. Nuestro compromiso es profundizar el mensaje, pero al mismo tiempo fortalecer la misión.

Nos comprometemos así porque queremos ver regresar a Jesús en nuestra generación. Esta es la parte que está en nuestras manos para que los pasos de un Dios que se aproximan puedan finalmente llegar hasta nosotros, y encontrar una iglesia llena de discípulos y lista para el encuentro con el Señor.
 
 
 
 

Copyright © 2017, Adventist Review. All rights reserved worldwide. Online Editor: Carlos Medley.
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